jueves, 21 de julio de 2011

Si votar sirviera para algo, estaría prohibido

Luis Brunati

Admito que el titulo es algo provocativo e incluso poco justificable para alguien que es candidato a senador, pero en mi descargo digo que lo tomé del correo que me remite un amigo harto de luchar por los problemas que vive en Merlo, provincia de Buenos Aires. El distrito de Otacehe.

Me pareció muy ingenioso, pero como suele suceder con las cosas que dicen, por asociación llegue a varias otras. Entre ellas, que en mi última renovación de carne para manejar, debí demostrar que la falta del sello de votación 2009 en mi documento, estaba justificada por hallarme fuera del país.

Recuerde haber escrito hace años a cerca del escaso valor transformador de toda elección simple, al sostener en un articulo que “la verdadera transformación política y social en Argentina se produce el 17 de octubre de 1945 y no las elecciones del 24 de febrero de 1946”, fecha que casi nadie registra.

También recordé haber sostenido que “como están las cosas, pareciera que el pueblo come, viaja y se divierte a través de sus representantes”

Sin embargo este año mi amigo de Merlo, va a tener que votar y no una vez ni dos, sino probablemente 3 veces. Pero los ciudadanos de otras provincias y de la Ciudad de Buenos Aires 4 o 5 veces y…, atando cabos, ahora me explico porqué la exigencia del sello en el DNI.

Como continuar construyendo la alternativa

La materia prima central, el ingrediente escaso para el desarrollo de una política adecuada y al servicio del campo del pueblo y en posibilidad de cambiar las cosas, no es programa de objetivos políticos, que por cierto es útil y necesario, sino además un colectivo confiable.

Difícil tarea para una sociedad impregnada hasta la medula por el individualismo, el hedonismo y el packagim, donde los superhéroes son la propuesta mitológica del sistema que alienta a aguardar sentados al milagroso personaje de los superpoderes adecuados.

Pero saben que, lo más probable es que no haya imprescindibles y todos seamos necesarios. Que no haya verdades absolutas y todo pase por la inteligencia colectiva, un tipo de sentido común definido con el aporte de todos y la antigua secuencia de práctica, reflexione y acción.

No estamos frente a una crisis de representatividad y consecuentemente destinados a continuar probando salvadores providenciales para luego descubrir que gracias a Dios eran humanos. Estamos en una crisis de protagonismo. “Esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie”. El verdadero trabajo es construir ese todos. Un todos, orientado en dirección de la justicia social, la equidad y fundamentalmente la fraternidad.

Deberíamos permitirnos dudar de nosotros mismos como individuos, de última hemos sido formateados en la cultura dominante. Deberíamos creer en nosotros mismos, en nuestra posibilidad colectiva de ser.

El sendero no está señalizado. Probablemente todo o casi todo sea búsqueda. Sin embargo hay indicadores insoslayables del camino errado: la ausencia de alegría, la exclusiva valoración de la eficiencia, creerse imprescindible y sobre todo suponer que se pude hacer cualquier cosa, incluso evitar las consecuencias.

La alternativa estaría dada por la posibilidad de visualizar y cultivar un colectivo cada vez más amplio. Tratar de salir del redil al cual pertenecemos y nos hace sentir cómodos. Aunque tampoco creo que se trate de avanzar desproporcionadamente en procura de un espacio descomunal logrado a partir de una “astuta” jugada. El colectivo más amplio en el que creo, es el está un pasito mas adelante, dando cuenta por un lado, que no somos auto suficiente y por otro poniendo en jaque los propios resabios de individualismo y sectarismo que pudieran quedar.

En Argentina, pero también hasta el más recóndito rincón de la aldea global se vive una crisis de protagonismo. El tema hoy, aquí y ahora, PSur junio de 2011, sería no desperdiciar el importante valor pedagógico de todo lo que hemos vivido y desde allí privilegiar el desarrollo de un auténtico colectivo. Una revolución de nuestra individualidad y sentido de sector. Una empresa emancipadora a la cual sumar nuestro aporte en tres temas centrales: una metodología capaz de garantizar el protagonismo de la comunidad comenzando por nosotros mismo, es decir el protagonismo del activo político; el valor trascendente de las relaciones humanas y una práctica en la cual resulten claramente privilegiados la ética, los principios y los valores que proclamamos.

Todos tenemos alguna responsabilidad en los desméritos de PSur. Sin duda yo bastante más que ustedes. En ese sentido es poco útil decir que uno tuvo las mejores intenciones al viabilizar esto o tratar de lograr aquello y sin duda también habrá cosas buenas producidas y buenas intenciones que cayeron bajo la aplanadora de la inercia hiperactiva. Para mi lo bueno será identificar claramente los errores y continuar privilegiando las relaciones humanas por encima de lo (supuestamente) ideológico político.

Ir a cenar o celebrar un vino entre amigos fue y en lo posible será aún más en el futuro, el eje central de mi aporte de cara a un futuro donde la urgencia no parece ser el hacer, sino justamente lo contrario. Para de hacer, el dejar de hacer.

El título de esta nota fue utilizado en distintas oportunidades y por diferentes movimientos políticos y sociales en el mundo. En el último tiempo recobro vitalidad a partir de la utilización en el movimiento de indignados en Europa.

Luis Brunati, candidato a senador por el Movimiento Proyecto Sur.

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